Deja atrás Babilonia, dilucida el misterio
Porque así fue el fuego: largo. Porque así se hizo la noche: corta. Las hogueras de San Juan dejaron un rastro de imágenes y un esplendor de cenizas ahí donde se consumieron todos los muebles viejos del corazón. El pasado pasó. Lo que queda, lo cuenta la poesía.
Cuando Juan Carlos Mestre (Premio Nacional de Poesía) hilvanaba ayer, 21 de junio, primer día del verano, las palabras de su “Cavalo Morto” y recitaba, de memoria “… En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anidador de gaviotas…” la Piscifactoría de la calle Manuela Malasaña también se elevaba al cielo y allí, más o menos a las nueve de la noche, todos éramos bastante más felices que a las seis de la tarde. Porque Mestre agita las manos, agita el vocabulario, agita la poesía y todo brilla con luces de colores verdaderos.
La poesía es sonoridad, ritmo y contundencia. El acto solitario de leerla agradece siempre la confrontación con el poema dicho y cantado, interpretado y sopesado por el autor que lo firma. La Piscifactoría, un enjambre de posibilidades literarias que poliniza Madrid desde la calle Manuela Malasaña, nos ha traído y nos traerá las palabras en voz alta de tres poetas: Luis Alberto de Cuenca, José Luis Morante y Juan Carlos Mestre, que cerrará el ciclo el jueves 21.
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Alfonso Mendiguchía firma y dirige “Manténgase a la espera”, una divertida y atinada crítica teatral a la comunicación en la que participa junto a Patricia Estremera y José María Moro.
Está extraordinario. Así podría empezar y acabar esta crónica. Y no haría falta más.
Página 219. Elegida al azar entre las más de 300 que componen “El baile de las lagartijas”, primera novela de David de Juan Marcos (Salamanca, 1980): “Lo cierto es que Miguelito Cañizo nunca quiso estudiar medicina. Desde niño mostró mayores cualidades para la lírica y la música. Antes de poder siquiera entender los cánones poéticos, había escrito versos como única manera de soportar la aprensión que siempre tuvo en las entrañas”.
Resulta complicado que entre los 11 personajes de “Veraneantes” no encontremos, encuentre yo, encuentre usted si toma la acertada –diría también necesaria- decisión de pasarse por el Teatro de la Abadía antes del día 20, a alguien que le resulte dolorosamente familiar. A mí me sucedió. Y, aunque llevo tiempo sin verle, tuve la sensación de que estaba otra vez muy cerca.
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Jamón 55
Los Galayos
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