No sé si es maldición o bendición pero en ambos la banda de Londres ha traído la lluvia a nuestras tierras y sin embargo ni siquiera eso para a estos maestros del himno moderno. Ya llevaba amenazando toda la semana con que iban a haber gotas sobre el coso madrileño pero antes que todo eso ayer llovió sobre Madrid uno de los espectáculos más deslumbrantes sobre un escenario de conciertos.
No sé cómo lo hacen Chris Martin y sus chicos pero lo dan todo en sus actuaciones. Lo comprobé en el BBK y lo reafirmamos ayer los centenares de fans de la banda que tuvimos la suerte de asistir al concierto en un escenario bello como pocos, porque ver a Coldplay en Las Ventas es casi como asistir a tu fiesta de cumpleaños con ocho años en el parque de atracciones, es dificil no sentirte feliz. Vuela el confeti, los globos, la magia y tus padres han contratado a tu grupo preferido para que no olvides eso de "Viva la vida".
Cierto es que el tiempo del concierto estuvo muy marcado por la retransmisión en directo que se hizo para todo el mundo a través de youtube y que eso nos dejó con ganas de más y más temas pero también es verdad que sonaron todas aquellas que no pueden faltar en un concierto de Coldplay. Las Ventas abarrotada y, como en una buena fiesta de cumpleaños, saltaron los fuegos artificiales para arrancar con el primer tema de su nuevo álbum "Hurts like heaven", que parece casi predestinado a ser su nuevo himno mundial. Poco después vendrían los temas que todos tenemos en la cabeza desde hace más de una década, el "Yellow" que les lanzó a la fama, "In my place", "The Scientist", "Lost" ó "Violet Hill" además de los intentos "toreros" de Martin por hablar español que alborotaron al tendido.
Aunque si hubo momentos de auténtica valentía desde luego fueron en el centro de la plaza cuando Chris Martin, Will Champion, Jonny Buckland y Guy Berryman se apiñaron para ponernos la piel de gallina en un "Till kingdom come" que terminó con el respetable coreando un "Olé, olé, olé, olé" al punteo de la guitarra de Martin; ó con el lanzamiento de guitarra eléctrica al aire tras un vibrante guitarreo hipnótico.
En fin, podría estar casi cuarenta líneas más contando los momentos inolvidable de ese concierto como cuando se hixo un pequeño homenaje a Amy Winehouse y su "Rehab" ó cuando pudimos escuchar el "Viva la vida" con Will Champion desatado a los mandos de unos enormes tambores. Sin embargo, me quedo con esos últimos quince ó veinte minutos en los que la banda fue reclamada por el público, pañuelo blanco en mano, para dar su beneplácito tras la faena. Ahí llegó el momento más especial que, para mí, tienen los conciertos de Coldplay, el momento más feliz, el más tierno y es al oír "Fix you". Con unas leves gotas de lluvia y una plaza de toros coreando ese himno al optimismo en estos tiempos de desesperanza a uno se le hincha el corazón y se le olvidan las tonterías del mundo.
Los chicos de Coldplay no pudieron ser sacados a hombros de Las Ventas tras su último tema "Every teardrop is a waterfall" porque hubiera sido una locura, aunque como en este país somos así de graciosetes ya hubo quien se encargó, con la euforia, de subir al amiguete de turno para que el público del coso lo coreara en la puerta grande. Lástima, porque Chris Martin y los suyos merecieron salir en volandas de Las Ventas.
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